Por: Marcial Sorazábal (Secretario General de las Juventudes Socialistas)

Pasó una temporada más en la serie de Campamentos de las juventudes socialistas de argentina. Esas experiencias militantes que tanto bien nos hacen.

Inefable es lo que nos pasa por el cuerpo mientras lo transitamos, mientras lo vivimos y aprovechamos. Esas cosquillas son la prueba de que existimos.

La palabra compañero, compañera, quizá sea una de las más lindas que hayamos pronunciado. Tiene que ver, etimológicamente, con compartir el pan. Con compartir. Con buena parte de nuestra esencia. Porque compartiendo las penas se achican y las alegrías se agrandan.

Esta vez también fué en una ciudad gobernada por el Socialismo: en Cosquín. Aunque nos sentimos en casa en cualquier lugar que nos podamos encontrar.

Si tuvieramos que imaginar que la política brinda una caricia, muy posiblemente sea algo parecido al campamento que experimentamos.

Nos transforman. indudablemente no volvemos siendo los mismos: volvemos mejores, con más fuerza y entusiasmo para seguir cambiando el mundo. Y nos vamos enamorando más de la idea que otro futuro es posible. Que hay una política para ello, que hay jóvenes que sueñan sin dormir, que se entregan a una causa común, que dan sin pedir.

En este campamento, además, pudimos darle forma de actividad a la idea de “socialismo en construcción”. Porque entendemos que el socialismo trasciende a un partido y porque es una idea inacabada, que se sigue amasando, todo lo contrario a un dogma (que tanto rechazamos).

Somos quienes seguimos creyendo en utopías. Quienes queremos y creemos que vale la pena que el socialismo se renueve.

Vamos por un relevo generacional. Generacional por generación y por género. Insistiremos con las 2. Jóvenes y mujeres.

Renovación, también, de personas, de prácticas, de ideas… Como desafío permanente. Todos los años alguien tiene su primer campamento, todos los años se visibiliza un largo futuro.

Estamos construyendo una organización no personalista, no paternalista. Una organización sin un imprescindible. Bertolt Brecht los definía como quienes luchan toda la vida. Ergo, queremos un socialismo lleno de imprescindibles.

Somos parte de una construcción colectiva. Nos guía la ronda, la circulación democrática de la palabra, nos posicionamos desde lo grupal; con debates, con la inteligencia y fuerza de las cantidades.

Tenemos la plena convicción que el socialismo no es posible en soledad, que siempre es con otros, y fundamentalmente con las mayorías. Es con la gente. Esta generación tiene el desafío de encontrar la llave para resolver los problemas del país, pero nunca mirándonos el ombligo. El socialismo está lleno de futuro, lleno de oportunidades; en la medida que tengamos la inteligencia de comprender lo que pasa, la humildad para aprender y el coraje para encarar las transformaciones. Por eso estamos dispuestos a concentrar nuestros esfuerzos y realizar aportes en la construcción de un espacio progresista moderno como una alternativa real de cambio ante los dos últimos gobiernos nacionales. Que pueda dar respuesta eficaz ante las desigualdades de nuestras sociedades.

Coincidimos con las palabras de Frei Betto cuando dice que “el socialismo es el nombre político del amor”. Y no nos resignamos a construir mundos más solidarios y humanos. Poniéndole poesía a esta realidad. Hacer belleza artesanalmente. La política tiene poesía desde que se inventó el socialismo. Tenemos que ser esos poetas y esas poetisas de las transformaciones.

De lo personal, parte difícil de expresar, sin duda me voy con una gota alegre de lágrima en la remera de la JS… Gran felicidad y agradecimiento de ser parte. Sin duda me grabó el corazón de manera indeleble.

Quisimos entregar todo, quizás fué poco. Y no es consuelo pensar que falta mucho pero seguro que falta menos.

Este año se cumplen 100 años de la Reforma Universitaria (que tanto nos enseña), y nos invita a recordar que cada generación necesita su revolución… Y decididamente vamos a encarar la nuestra.