El 19 de septiembre de 1958 la sociedad argentina se veía sacudida por la mayor movilización estudiantil que se recuerda en la historia. Los diarios de la época estimaron más de 250. 000 estudiantes acompañados por un gran número de trabajadores que desde la Plaza del Congreso colmaron la Plaza de Mayo. Eran los tiempos que trascenderían bajo la frase de la “Educación Laica o Libre” o de las “Universidades Públicas o Privadas – confesionales”.

La dictadura militar de la “Revolución Libertadora” que había derrocado al presidente Juan D. Perón en 1955 emitió el Decreto 6403 de “reorganización universitaria”, impulsado por los sectores del catolicismo enquistado en el seno del gobierno. Este Decreto rompía con el espíritu de la Ley 1420 de educación común gratuita y obligatoria y la Ley Avellaneda o también llamada de los Estatutos de las Universidades Nacionales. Estas leyes establecían que el otorgamiento de los títulos habilitantes era exclusividad de las Universidades Públicas y que la instrucción religiosa era de carácter optativo, con autorización de los padres, y dictada fuera del horario escolar. El artículo 28 del mencionado decreto era explicito: “la iniciativa privada puede crear universidades libres que estarán capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes”.

La Federación Universitaria Argentina (FUA) nutrida por las generaciones surgidas a partir de la Reforma Universitaria de 1918 y cuyo presidente era el socialista Guillermo Estevez Boero había tomado nota de este cambio que se le pretendía dar a la educación universitaria. Por ello había iniciado una campaña para frenar su implementación. Objetivo que se consiguió temporalmente durante la dictadura. Pero recién asumido el gobierno de Frondizi, empujado por los sectores clericales que estimaban que era la oportunidad para reglamentar ese artículo 28, se le daba luz verde. Esto generó la reacción de los universitarios reformistas que tendría su punto culmine en esa movilización del 19 de septiembre. El propio hermano del presidente el Dr Risiere Frondizi como rector de la UBA tendría una actuación relevante junto a los dirigentes de la FUA. Las movilizaciones se reproducirían en todas las Universidades y centros urbanos del país.

Lamentablemente un gobierno de Frondizi que tenía muchas similitudes con el actual, no solo de concepción de la educación pública o de algunos nombres como Rogelio Frigerio (su principal colaborador). Reglamentó y posibilitó la creación de las Universidades Privadas confesionales.
Para terminar dando el real significado y actualidad a esa gesta, es bueno rescatar las palabras que tiempo después manifestara el entonces presidente de la FUA, Guillermo Estevez Boero: “Aquella movilización fue muy importante, porque acrecentó en la opinión pública, y fundamentalmente en la juventud, el valor y el significado de la Universidad Nacional. No obstante, aun hoy no se asume siempre el significado y las implicancias del carácter “público” de la Universidad estatal. Porque la Universidad Pública es la que debe posibilitar la concreción de los derechos constitucionales de igualdad de oportunidades, de libre acceso y de gratuidad, entre otros. Es decir, la pública se debe a quienes quieren estudiar, la privada a quienes quieren enseñar”

Cr. Luis A. Portelli

Docente de la Universidad de La Plata