El Partido Socialista de Río Negro repudia la represión de las fuerzas de seguridad federales que costara la vida de Rafael Nahuel, un joven de 22 años, y el saldo de varios heridos. A la vez, el socialismo se solidariza con la causa de los pueblos originarios reconocida por el Convenio 169 de la OIT, -Organización Internacional del Trabajo-, que en nuestro país tiene rango constitucional.

Las versiones oficiales –como ya pasó con Santiago Maldonado-, pretenden desvirtuar los hechos y hablan de un enfrentamiento, al igual que lo hacían en tiempos dictatoriales en los que se desaparecía y asesinaba a sangre fría, disfrazando este acto cobarde de una acción de combate.

Al Rafa lo fusilaron por la espalda. Era un joven que luchaba con mucho esfuerzo por salir del círculo mortal de la marginalidad a la que este sistema condena a los pobres, aprendió un oficio y estaba en la etapa de reconocer sus orígenes, como nos cuenta el sacerdote salesiano Ángel Tisot.

No era ni un violento, ni un delincuente y si lo hubiera sido tampoco merecía la muerte. ¿Qué culpa se le puede achacar a un joven de 22 años castigado por este perverso sistema?

Ministra Bullrich le recordamos que la pena de muerte no existe en nuestro país, pero usted genera las condiciones para aplicarla “preventivamente” violando la ley que cualquier funcionario está obligado a respetar más que cualquier otro ciudadano.

No hay justificativo alguno para matar pero en nombre de la ley se mata. Las fuerzas de seguridad del Estado están para proteger la vida que es un bien infinitamente superior al de cualquier propiedad pública o privada.

Le decimos al gobierno que frene esta espiral de violencia y que comience a respetar la ley y deje de mentir agitando la existencia de supuestos grupos armados y sediciosos de los cuales no existe la más mínima evidencia ni entre los mapuches ni en la sociedad en general.

Desde el Partido Socialista instamos a las organizaciones sociales en general y al pueblo mapuche en particular a continuar con su lucha que es nuestra lucha, que es la lucha por el trabajo y la vivienda, por las jubilaciones, por la abolición de la sociedad machista, que es la lucha por la igualdad y la justicia social.

Les decimos humildemente, desde la experiencia histórica de nuestro pueblo y de toda la región, que el camino hacia la igualdad social es largo y debe recorrerse con inteligencia, sin ofrendar una sola vida más.

 La violencia es patrimonio de los opresores y actuar violentamente nos degrada, nos hace parecidos a ellos y socava la democracia que tanta sangre costó recuperar. Es imperfecta pero es infinitamente superior a cualquier dictadura. El efectivo respeto y reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios será el resultado de la participación activa de la sociedad que puede y debe manifestarse masivamente y ser respetada en su diversidad, profundizando la democracia. En un ambiente de violencia no hay participación y sin ella es imposible construir una sociedad más igualitaria y respetuosa de la naturaleza.