Por: Miguel Lifschtiz (Gobernador de la provincia de Santa Fe)

Las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático no solo son necesarias, sino que pueden ser el motivo de crecimiento de las economías a nivel mundial. Entonces, debemos pensar en crecimiento verde y así replantear las bases del sistema productivo y energético, para garantizar el desarrollo sostenible de nuestros países. Estoy convencido de que el camino a seguir es el uso eficiente de nuestro capital más valioso, los recursos naturales, y que en esta temática los acuerdos del G20 en Argentina deberían ser un ejemplo para la comunidad internacional.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sin un uso eficiente de los recursos “la pérdida de capital natural puede exceder las ganancias generadas por la actividad económica, debilitando la capacidad de sostener el crecimiento futuro”. Asimismo, siguiendo el Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el aumento de la temperatura reduce la productividad de los cultivos y su valor nutricional, afectando la cantidad y la calidad de la producción. Estos datos confirman la necesidad de que nuestros países avancen con estrategias de crecimiento verde, pensando en lo económico, social y ambiental de forma conjunta; buscando una economía circular que reduzca los impactos en el medio ambiente y aumente la inclusión social.

Los Estados subnacionales nos encontramos muy cerca de los efectos negativos del cambio climático y de los impactos en nuestra población, por eso ya estamos actuando. Tanto sea con políticas de energías renovables como de eficiencia energética, transporte limpio o uso de la tierra, estamos realizando nuestro aporte para que los Estados puedan alcanzar sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC)asumidas en el Acuerdo de París e incluso aumenten su ambición climática. Un ejemplo de ello es que los Estados miembros de la Coalición Under2, en promedio, ya hemos reducido un 9% de nuestras emisiones por debajo del nivel de base.

Por otro lado, hay posturas en contra del crecimiento verde, que plantean que no es posible cuidar el medio ambiente y crecer al mismo tiempo, sino que sostienen que este llevaría a un decrecimiento económico. Sin embargo, es posible lograr un “desacople”, es decir, cortar la relación entre males ambientales y bienes económicos. Es posible crecer de esta forma e incluso hacerlo a un bajo costo y reducir la cantidad de recursos naturales que se usan para generar crecimiento económico, como establece el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Los representantes reunidos en Buenos Aires deberían estar convencidos de que las medidas de mitigación del cambio climático constituyen una herramienta para que los países transformen sus sectores productivos y prioricen sus objetivos tanto de crecimiento como de desarrollo equitativo y sustentable.

Pensar el futuro implica cambiar de paradigma, repensar las bases del sistema productivo actual para hacer viable el planeta y migrar a un sistema económico más humano. Sin embargo, durante esta cumbre no se tratará de forma integral el cambio climático. Todos los días se observa que los impactos de la actividad económica sobre los sistemas medioambientales están creando desequilibrios, los cuales ponen en riesgo el desarrollo económico global.

Finalmente, si no se alcanzó un acuerdo en el G20 en Alemania en relación con el cambio climático, y durante esta instancia en Argentina no se fijó dicha temática como una prioridad, ¿los líderes del G20 harán uso de esta ventana de oportunidad, pensando en las generaciones actuales y futuras?

El autor es gobernador de la provincia de Santa Fe. Es copresidente para Latinoamérica de la Coalición Under2