Por Marcial Sorazábal

@MSorazabal

Atrapante, necesario y apasionante es el desafío de pensar una organización desde adentro y en plena marcha. Repensarnos. Reinventarnos permanentemente para no morir. Análisis y autocrítica son dos amigas que no podemos permitirnos traicionar. Más de un siglo de luchas nos permiten proyectar el horizonte de los nuevos años para el socialismo.

Este Partido se hizo a mano, de cosas chiquitas, pateando calles y transpirando camisetas. Hay miles de historias militantes; variadas anécdotas, silenciosas, cotidianas, que dan cuenta de un socialismo humano y artesanal. Un partido que después de 120 años renueva su vocación de poder, quiere disputarlo, alcanzarlo, no como una meta de llegada sino como medio para transformar la realidad en un sentido socialista.

Queremos ser parte, sentirnos parte, tomar partido ante esta realidad. Estamos construyendo un partido de puertas abiertas. Con un fuerte llamado, con una clara y amplia convocatoria a las juventudes argentinas, invitándolas a sumar. Queremos conversar con la ciudadanía, nos interesa poder entablar un diálogo franco y abierto, fortaleciéndonos y multiplicándonos en la diversidad.

Vamos por estructuras partidarias más flexibles que posibiliten encausar las más variadas formas de participación. Por un diálogo intergeneracional inteligente. Vamos por la paridad de género. Vamos a transformar junto a organizaciones sociales como aliados. Caminamos por múltiples territorios y plataformas. Nos guía la palabra empeñada, la coherencia de nuestra historia. Proponemos una relación armónica con la naturaleza y vamos por el cuidado del aire, la tierra y el agua de nuestros pueblos. Por el derecho de las juventudes a definir su proyecto de vida y a ser protagonistas de su tiempo. Vamos por lugares de participación y decisión. No nos conformamos con lo que existe, vamos por la imaginación y la voluntad de transformación. Vamos por más y mejor educación pública, por la segunda reforma en el marco de su centenario. Por más reformismo en la Universidad. Y queremos seguir, como decía Deodoro Roca, “haciendo alegremente cosas terriblemente serias”. Nos expresamos en las redes y en las calles del país, en asambleas y patios, en bares, en clubes y esquinas; ahí donde se hace el socialismo: en todos los ámbitos de la sociedad.

Perseguimos día a día un sueño que tenemos intacto: cambiar la Argentina.

Queda claro que hoy, y luego de gobernar por 9 años la provincia de Santa Fe, no somos más de lo mismo. No tenemos nada que ver con los que gobernaron el país los últimos 12, ni con los de ahora.

El PS no es populista ni conservador. Vivimos un nuevo ciclo político, donde tanto el gobierno nacional como buena parte de la oposición están volcados hacia la derecha; por ello se abre una oportunidad que favorece la construcción de un Socialismo que pueda constituirse en el corazón de la izquierda en nuestro país. Nutrido de republicanismo, de lo democrático, de lo federal y lo popular.

Queremos que nuestras ideas y valores, nuestras discusiones y estrategias, aporten a una reforma social orientada a favorecer y restituir derechos a los sectores más castigados por el modelo neoliberal. Es esa mayoría a la que queremos representar. La justicia social, lo sabemos, atraviesa de punta a punta nuestro ideario; y al decir de François Dubet, “queremos acercar las posiciones que cada uno ocupa en la sociedad. Anhelamos tanto la igualdad de posiciones como la de oportunidades, pero priorizamos la primera.”

Esta centroderecha gobernante, que se presenta como desacartonada y pragmática, flexible, maquillada y mediática; es una nueva derecha para nuestra historia. Lo que no es nuevo es que sigue posibilitando que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más numerosos. Hay problemas de fondo que persisten y son negados. El hambre y la exclusión, el desempleo y el deterioro de la educación, la falta de un programa social así como la ausencia de un sistema de salud para la población; no solamente son solapados sino que están muy lejos en la lista de prioridades del gobierno nacional.

Con rebeldía y convicciones, con sueños y utopías. Con el amor que despierta lo cotidiano; con el afecto que nos proporciona lo cercano, ese barrio, esos compañeros, el olor a la esquina de casa. Si por muy pequeñas que aparenten, estas causas todavía nos convocan, ningún cambio social se presenta como imposible.

Militamos en un Socialismo en construcción. Esta historia continúa. Y la queremos escribir a pulso socialista… ¿Si no es ahora, cuándo? ¿Si no es el Socialismo, quién?