PS

A partir del 10 de diciembre de 2015, cambió el escenario político argentino a raíz de los resultados del balotaje electoral, que dieron por finalizado los 12 años consecutivos de gobierno kirchnerista, para darle paso al candidato que, unos días atrás, había cerrado su campaña mutando el perfil “aporteñado y bienudo” que lo caracterizaba, por el de hijo pródigo de la Madre Tierra que abrazado a los hermanos norteños, le pedía a la Pachamama, la “sabiduría y fortaleza para conducir al pueblo argentino por el buen camino”.

Pero los primeros minutos de la flamante gestión bastaron para sepultar los “optimistas slogans de campaña” porque antes que nada había que atender la “herencia recibida” y entonces, los “nuevos gerentes” de la Nación, con el respaldo de una catarata de “Decretos de Necesidad y Urgencia”, firmados por el nuevo Jefe, pusieron en marcha un conjunto de medidas de “sinceramiento” de la realidad, cuyos resultados repitieron lo que tantas veces el Pueblo Trabajador ha padecido a lo largo de nuestra historia, es decir, los que más tenían pasaron a tener mucho más, y los que menos tenían, pasaron a tener mucho menos. Todo en tiempo record.

Paralelamente con el cambio de gobierno, cambiaron los enemigos del Estado, ya no eran el Grupo Clarín y los cucos habituales del relato K, las preocupaciones de los muchachos de Cambiemos; pasaron a ser los miles de trabajadores que fueron estigmatizados como “ñoquis” que habían sido contratados por el gobierno anterior; las decenas de miles de trabajadores estatales que, mientras tanto, pusieron en la mira de inquisidores revisores con el fin de “depurar” prontamente la administración pública y todos los trabajadores que reclamamos por la pérdida del poder adquisitivo del salario, a quienes Prat Gay recientemente nos amenazó con bastante poca sutileza, cuando públicamente manifestó que: “Cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salarios a cambio de empleos”.

De acuerdo a la visión del Ministro, mientras los trabajadores deberíamos prepararnos para lo peor con tal de no perder el empleo, simultáneamente los grandes acopiadores de cereales, los especuladores financieros, las cadenas comerciales y las corporaciones extranjeras, ganaron la pulseada inicial con la implementación de los compromisos de campaña: levantamiento del cepo, liberación del dólar, anulación o disminución de retenciones a la exportación y la liberación de entrada y salida de capitales; entre otras medidas con lo consiguieron ganancias espectaculares sin que se viera la lluvia de dólares que todo esto iba a traer aparejado; mientras tanto, las trabajadoras y trabajadores perdimos el poder de nuestro salario, la inflación nos golpea, las subas de precios no tienen límites y nos aprietan con la posibilidad de perder el empleo.

Probablemente las marchas y contramarchas sean una constante de acá en más y mientras un funcionario diga o haga una cosa, el Presidente Macri lo desdecirá o hará lo necesario para suavizar las consecuencias imaginadas, como una estrategia para medir fuerzas o detectar el impacto sobre la opinión popular, con el fin de actuar en el momento más oportuno. Por el momento dieron marcha atrás con algunas pruebas de ensayo como hicieron con el intento de la suspensión de paritarias y la autorización de despidos del personal de planta en la Provincia de Buenos Aires; pero no hay que subestimar a los “nuevos gerentes” porque son especialistas en ajustes y sobre todo si se trata de ajustar por el lado de los trabajadores. Claro que ellos tampoco deberían subestimar a los trabajadores y muchos menos al Movimiento Obrero, porque siempre fuimos los primeros en hacer grandes sacrificios para ayudar a que el país se ponga en marcha, pero somos intolerantes cuando vienen por cada uno de nosotros, por nuestros fraternales compañeros, por nuestros derechos y por nuestras fuentes de trabajo; porque sabemos que eso es lo único que tenemos y no estamos dispuestos a perderlo.

Las horas difíciles muchas veces me llevan a rememorar a Don Alfredo Palacios, pero no producto de la nostalgia sino como un proceso de reflexión, porque sus palabras y sus vivencias, siguen siendo una fuente de inspiración y una guía, como estas palabras que extraje de su famosa tesis rechazada, la Miseria de la República Argentina:
“Ellos son los responsables de la ruina del país, ellos que han hecho levantar palacios con los dineros del pueblo para habitarlos después de la catástrofe, encastillados en su asqueroso egoísmo, o que con las arcas repletas desparraman a manos llenas en el viejo continente el oro que malversaron. (…) Nuestros obreros deben unirse para la lucha, recoger las fuerzas dispersas que son fácilmente derrotadas, producir un movimiento de concentración y dar lugar por último a un todo orgánico, coherente y definido, capaz de establecer combate con probabilidad de éxito.”.

Que no se equivoque el Sr Presidente, que no se equivoque el Sr. Ministro, los trabajadores no somos el enemigo pero tampoco vamos a aceptar que nos consideren material descartable.

Fraternalmente

Luis Gerardo Ortega
Secretario Gremial Partido Socialista