El Partido Socialista participará del primer encuentro de la Global Progressive Mobilisation (GPM)

El Partido Socialista participará del primer encuentro de la Global Progressive Mobilisation (GPM), que se realizará en Barcelona del 17 al 18 de abril y reunirá a más de 3.000 participantes de 100 organizaciones progresistas de los cinco continentes.

La igualdad de oportunidades, la defensa de la democracia y el Estado de derecho, la justicia social, los derechos laborales, las políticas ambientales, la igualdad y la paz serán los ejes que articularán el encuentro, sobre los que se desarrollarán los debates y se elaborarán conclusiones finales.

Entre los principales referentes que participarán se encuentran el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el presidente de Colombia, Gustavo Petro; el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi; la vicepresidenta de Ghana, Jane Naana Opoku-Agyemang; el líder opositor en India, Rahul Gandhi; la premio Nobel de la Paz, Maria Ressa; y la presidenta del Center for American Progress, Neera Tanden. También participará el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, aunque no de manera presencial.

El Partido Socialista de Argentina, como miembro fundador de la Alianza Progresista,- entidad organizadora de la GPM-, participará con una delegación encabezada por Mónica Fein, presidenta del Partido Socialista e integrante del Board Global de la Alianza Progresista, quien además será disertante en un panel sobre acceso a la salud y desarrollo. También integrará la comitiva el Diputado Nacional y Coordinador de la Alianza Progresista para las Américas, Esteban Paulón.

El encuentro tiene como objetivo consolidar un espacio de articulación de ideas de la izquierda democrática frente al avance de las derechas a nivel global, promoviendo una alternativa progresista en un contexto internacional atravesado por el crecimiento de posiciones extremas y la escalada de los conflictos armados, con un fuerte llamado a la paz y al rechazo de la guerra.

En ese marco, Fein señaló: “Vamos a participar para dar un mensaje de esperanza en una sociedad más humana, más solidaria y más igualitaria, por la paz y no a la guerra”. Y agregó: “Vamos a aportar todo lo que esté a nuestro alcance pensando en una humanidad que pueda mejorar sus condiciones de vida y no quedar sumergida en esta realidad a la que nos quiere llevar la extrema derecha, con un empeoramiento de las condiciones y la quita de derechos”.

Los paneles y debates comenzarán el viernes por la mañana y se extenderán hasta el sábado. El cierre estará a cargo del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, junto a Luiz Inácio Lula da Silva, tras la reunión plenaria final.

 

Opinión. «Ciudadanía y discapacidad: más allá de los diagnósticos»

Ante consultas en distintos medios y a partir de invitaciones a jornadas conmemorativas del “Día del Autismo” o del “Día del Síndrome de Down”, quisiera compartir una reflexión. Comprendo profundamente la intención de visibilizar y valoro estos espacios para muchas personas y familias. Sin embargo, creo necesario sumar un análisis más amplio que nos permita abordar la cuestión desde una perspectiva colectiva.

Como sociedad, aún tenemos el desafío de fortalecer el reconocimiento pleno de los derechos de las personas con discapacidad, entendiendo que estos constituyen la base de una ciudadanía real y efectiva. No se trata solo de nombrar o visibilizar, sino de garantizar condiciones concretas para que todas las personas podamos participar, decidir y habitar los espacios comunes. En este sentido, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad es clara al afirmar que debemos poder “participar plena y efectivamente en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.

Sin embargo, cuando el foco se coloca en días asociados a diagnósticos específicos —como el autismo, el síndrome de Down u otros— existe el riesgo de que, aun sin intención, predomine una mirada centrada en la categoría médica, en la “condición”, antes que en nuestra condición de ciudadanas y ciudadanos con derechos. Tal como advierte Tom Shakespeare, centrarse exclusivamente en el diagnóstico puede “reducir la experiencia de la discapacidad a una cuestión individual”, invisibilizando las barreras sociales que, en gran medida, producen la exclusión.

El desafío, entonces, es poner en el centro aquello que nos atraviesa como colectivo: nuestros derechos y la posibilidad concreta de ejercer ciudadanía. Porque hablar de derechos es hablar de algo mucho más profundo: de vivir en comunidad, de participar en igualdad de condiciones, de acceder a apoyos, a la educación, al trabajo, a la salud, a la cultura y a la vida política. Es, en definitiva, poder habitar el mundo con dignidad. En palabras de Hannah Arendt, se trata del “derecho a tener derechos”, es decir, de la posibilidad efectiva de formar parte del mundo común.

En este marco, fortalecer el Día Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad (3 de diciembre) permite articular esta mirada y enfocar la atención en lo esencial: que nuestras vidas no están definidas por un diagnóstico, sino por el ejercicio pleno de nuestros derechos. Reconocer las particularidades es necesario, pero sin que estas se conviertan en límites para la participación o en justificación de desigualdades.

Se trata, en definitiva, de seguir construyendo una sociedad que nos reconozca como personas, como sujetas y sujetos políticos, con igualdad y equidad en todos los ámbitos. Como sostiene Judith Butler, las condiciones de reconocimiento son también condiciones de vida: solo cuando somos reconocidas y reconocidos como parte de lo común, nuestras vidas se vuelven plenamente habitables.

El problema no radica en la falta de visibilidad de los diagnósticos, sino en la persistente negación de derechos. Porque visibilizar sin garantizar puede incluso devenir en otra forma de exclusión. De lo que se trata, en última instancia, es de transformar las condiciones que producen desigualdad.

Queremos ser ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho.

Gabriela Bruno, mujer con discapacidad, militante por los derechos de las personas con discapacidad, Secretaria de Discapacidad del Partido Socialista

 

 

No a la guerra: Nota de Mónica Fein al Presidente de la Nación

Señor Presidente

Javier Milei:

Desde el Partido Socialista queremos expresarle nuestra profunda preocupación por la posición adoptada por el Poder Ejecutivo frente a la guerra que hoy se desarrolla en Medio Oriente.

Consideramos que la Argentina debe sostener una política exterior fundada en la paz, la no intervención, la solución pacífica de las controversias y el respeto al derecho internacional. Debe condenar sin ambigüedades el terrorismo, las agresiones y toda forma de violencia contra la población civil. Pero esa posición no puede traducirse, bajo ningún concepto, en un involucramiento de nuestro país en un conflicto bélico ajeno, ni en una lógica de alineamiento automático con intereses, estrategias o liderazgos extranjeros.

La experiencia histórica de la Argentina, atravesada por el dolor del terrorismo y la impunidad, nos obliga a actuar con responsabilidad y prudencia. Precisamente por esa memoria, nuestro país no debe ser arrastrado a una escalada militar de consecuencias imprevisibles. Ingresar, directa o indirectamente, en una guerra ajena no fortalecería nuestra seguridad: la pondría en riesgo. Expondría a nuestra población, comprometería nuestra soberanía y afectaría la capacidad de la Nación para defender con autonomía sus intereses económicos, diplomáticos y estratégicos en un escenario internacional cada vez más inestable.

Señor Presidente, una decisión de esta magnitud no puede quedar sujeta a afinidades ideológicas, relaciones personales con líderes extranjeros ni a gestos unilaterales. La Constitución Nacional es clara: corresponde al Congreso de la Nación autorizar al Poder Ejecutivo para declarar la guerra o hacer la paz. Comprometer a la Argentina en un conflicto armado exige legalidad, deliberación democrática y un respeto irrestricto por las instituciones de la República. En una materia tan sensible, no hay lugar para improvisaciones, personalismos ni atajos.

Asimismo, consideramos indispensable que la Argentina reafirme su compromiso con el multilateralismo, la institucionalidad internacional y la búsqueda de soluciones pacíficas. En un mundo atravesado por guerras, tensiones geopolíticas y crecientes disputas entre potencias, nuestro país necesita más derecho internacional, más negociación y más prudencia estratégica, no subordinación ni seguidismo.

Por todo ello, le solicitamos que descarte de manera explícita cualquier forma de involucramiento argentino en esta guerra —militar, logístico, operativo o diplomático— y que reoriente la posición del Estado hacia una salida pacífica, fundada en el cese de las hostilidades, el respeto al derecho internacional y la protección de la vida humana.

Todavía está a tiempo de evitar una decisión equivocada de consecuencias históricas. Gobernar la Argentina exige responsabilidad ante su pueblo, prudencia frente a un mundo en crisis y compromiso con una política exterior autónoma, guiada por la paz, la soberanía nacional y el pleno respeto a las instituciones democráticas.

Atentamente,

Mónica Fein
Presidenta del Partido Socialista

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Opinión. «Malvinas: tierra irredenta, causa permanente»

La soberanía nacional no se relativiza, no se negocia y no admite ambigüedad

Por Juan Carlos Zabalza / Dirigente del Partido Socialista

La imagen llegó desde París y recorrió el mundo: un diplomático argentino se negó a hablar ante el Parlamento francés mientras en la sala permanecía expuesto un mapa que presentaba a las Islas Malvinas como territorio británico. Un gesto cuya convicción demuestra que nuestra soberanía no se relativiza, no se negocia y no admite ambigüedad. Esa actitud no es otra cosa que el ejercicio cotidiano de una causa que los argentinos venimos sosteniendo desde hace casi dos siglos.

Las Malvinas no son una abstracción, son el nombre concreto de una injusticia que continúa. El 3 de enero de 1833, la fuerza sin derecho del Imperio Británico desplazó a las autoridades argentinas de Puerto Soledad. Desde ese día, la República no ha dejado de reclamar. Y ese reclamo, que nuestro ordenamiento constitucional elevó a la categoría de objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino, esta hoy tan vigente como entonces.

Lo que se disputa es la soberanía argentina sobre una parte de nuestro territorio nacional, ocupada por una potencia extranjera desde hace casi dos siglos. Y al mismo tiempo está en juego un principio más amplio, que en el mundo ningún país puede pretender imponer sus intereses por la fuerza ni perpetuar enclaves coloniales en nuestra región.

Quienes combatieron en 1982 merecen toda nuestra admiración y gratitud. Eran jóvenes, en su inmensa mayoría conscriptos provenientes de diversas zonas del país, la mayoría de ellos de hogares humildes y sin preparación ni formación adecuada para semejante responsabilidad, lo que resalta aún más la actitud patriótica de nuestros héroes.

La herencia de Palacios

Hay quienes pretenden que el socialismo, por su vocación internacionalista, miraría con distancia la cuestión Malvinas y este es un error histórico que necesita ser corregido. Nuestro centenario Partido Socialista fue pionero en la defensa de la soberanía sobre las islas, y lo fue con la seriedad y profundidad que le son propias.

En 1934, el senador nacional Alfredo Palacios, el abogado de los pobres, fundador del Nuevo Derecho, pronunció en el Senado de la Nación un alegato valiente e impecable en defensa de la soberanía argentina. Su intervención era al mismo tiempo una clase magistral de historia, un análisis jurídico riguroso y una declaración moral sin concesiones. Su propósito fue “que todos los habitantes de la República supieran que las Malvinas son argentinas y que Gran Bretaña, sin título de soberanía, se había apoderado de ellas por un abuso de fuerza”. Y agregó: “Que el pueblo argentino sepa que nuestro país es el soberano de las Malvinas, tierra irredenta, sometida al extranjero por la ley brutal del más fuerte”.

En la misma casa de Palacios funcionó la primera Junta Pro-Recuperación de las Islas Malvinas. Uno de sus proyectos promovió la traducción al español de la importante obra del escritor francés Paul Groussac, “Les Îles Malouines”, y su distribución en las escuelas de toda la República, para que ningún niño argentino creciera ignorando la historia de esas islas.

El libro de Palacios es una obra de enorme valor, tanto por el estudio sistemático de la cuestión y por los argumentos que despliega para contrastar punto por punto las pretensiones británicas. Una obra que, releyéndola hoy para este aporte a los excombatientes de la querida ciudad de Rosario, parece más necesaria que nunca en un contexto en el que algunos parecen dispuestos a negociar lo que hasta hace poco parecía ser un amplio consenso democrático cuyo mandato resultaba irrenunciable.

En esa misma tradición se inscribe la mirada de Guillermo Estévez Boero, quien sostuvo que la causa Malvinas debía ser asumida como una política permanente de afirmación soberana frente al colonialismo. Para uno de nuestros grandes referentes y amigo, la ocupación británica constituía una agresión que no sólo afectaba a la Argentina sino al conjunto de América latina, por lo que el reclamo debía articularse con una estrategia de unidad regional y movilización democrática de la ciudadanía.

Al mismo tiempo, advertía contra cualquier intento de “desmalvinizar” la conciencia nacional después de la guerra de 1982: el rechazo a la aventura militar de la dictadura no podía implicar el abandono del reclamo histórico ni la indiferencia frente a la persistencia de un enclave colonial en el Atlántico Sur. Por el contrario, sostenía que la defensa de la soberanía debía sostenerse en la participación popular, en la integración latinoamericana y en una acción diplomática firme y persistente que reafirmara el carácter irrenunciable de los derechos argentinos sobre las islas.

El socialismo no solo habló de Malvinas sino que gobernó en consecuencia. Quienes vivimos los años de la gestión del Frente Progresista en la provincia y en la ciudad lo sabemos y estamos orgullosos de recordarlo.

En Rosario fue durante la gestión de Hermes Binner cuando los combatientes de Malvinas desfilaron por primera vez en los míticos actos del Día de la Bandera junto al Monumento. Ese reconocimiento público, en el lugar más emblemático de la ciudad que dio nacimiento a nuestra enseña patria, fue el resultado de una política de memoria y reparación sostenida. Y fue también durante la gestión socialista en la ciudad cuando se construyó el Monumento a los Caídos en Malvinas, inaugurado en 2005 durante la intendencia de Miguel Lifschitz. El cenotafio sobre el Parque Nacional a la Bandera, con los nombres de todos los caídos grabados en mármol negro, es hoy el corazón simbólico de los homenajes en Rosario. Su inauguración fue un acto de justicia que la ciudad le debía a sus héroes.

En la provincia, el gobernador Antonio Bonfatti impulsó y promulgó la ley que extendió la Pensión de Honor de Veteranos de Guerra de Malvinas a los hijos de los beneficiarios, sin límite de edad, en caso de muerte del titular. Recuerdo que esa legislación fue valorada por veteranos de otras provincias y les dio el pie para impulsar proyectos similares.

En tiempos en que desde el gobierno nacional se escuchan declaraciones que siembran confusión sobre nuestra posición soberana, o que revelan admiración por quienes nos siguen ocupando políticamente, la firmeza diplomática no puede ser la excepción sino que debe ser la regla.

La continuidad del acto de barbarismo que implica la ocupación de Malvinas, situación reconocida por la resolución 2.065 de la ONU en tiempos de Arturo Illia como una disputa de soberanía que obliga a establecer una mesa de diálogo, hace imperativo rediseñar la arquitectura de las relaciones internacionales para asegurar una solución pacífica y garantizar el cumplimiento efectivo de los mandatos internacionales.

Cualquier negociación que saque el eje de la soberanía argentina sobre estos territorios del Atlántico Sur resultará perjudicial, no hay zona gris en esto. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

Se puede acceder a la publicación completa en el archivo digital de la Fundación Estevez Boero (https://estevezboero.com.ar/); fundación que atesora los libros del dirigente y entre ellos conserva dos ejemplares históricos del libro “Las Islas Malvinas. Archipiélago Argentino” de Alfredo Palacios, que fueron consultados para este texto. Véase:

https://www.estevezboero.com.ar/index.php/archivo-historico/documentos-ps/184-las-malvinas-son-argentinas y

https://estevezboero.com.ar/index.php/archivo-historico/blog-with-1-column/236-desmalvinizar-nunca

 Fuente:  Diario La Capital