El 11 de septiembre de 1973 un golpe militar encabezado por el dictador Augusto Pinochet derrocó al gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular. Tras meses de maniobras de desestabilización por parte de los mandos militares el golpe se concretó 3 años después del triunfo de aquel gobierno que inició el camino democrático al socialismo en América latina.
Con la caída del gobierno popular también se fue la vida del propio Allende quien prefirió quitarse la vida en su despacho del Palacio presidencial de la Moneda, a entregarse en las manos del dictador. Ese acto de entrega se transformó rápidamente en un gesto de dignidad e integridad política que aún hoy emociona e inspira.
Bajo la dictadura militar, la más larga de Sudamérica, Chile se convirtió en el laboratorio neoliberal regional de Milton Friedman y los Chicago boys quienes idearon un plan económico que provocó una fractura social profunda y cristalizó las desigualdades. Modelo que fue exportado como “buena práctica” a la mayoría de los países latinoamericanos durante las décadas de los 80 y 90.
En aquellos años desde todo el mundo llegó la respuesta progresista, expresada en una gran ola del movimiento de solidaridad internacional, y es por ello que la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado es de enorme importancia para el socialismo y la izquierda democrática en nuestro país y a nivel global.
El mismo movimiento de solidaridad internacional que observa con preocupación a los sectores envalentonados de la derecha política que están tratando de revisar los hechos históricos y ganar el consenso social en la interpretación de los hechos sucedidos, poniendo la responsabilidad del golpe en el gobierno de Allende y pretendiendo justificar que el golpe militar fue para evitar un gobierno comunista y mal gestionado.
En momentos en que la derecha y la extrema derecha crecen en diversas latitudes se hacen más necesarias que nunca la memoria, la verdad y la justicia, para honrar a quienes han dejado sus vidas por construir la utopía de un mundo mejor.
Poder decir nuevamente Nunca más es también apostar a futuro a la consolidación de la democracia y la construcción de sociedades más justas, sostenibles y progresistas.